jueves, 21 de marzo de 2013


"No puede un científico como yo querer decirle guarangadas a una chica?" me decía el pibe enamorado, en plena rehabilitación, libro en mano, mirándome a los ojos.

En otra parte del sueño me había enterado que estaba dejando las drogas, creo que se llamaba Julián, y tenía esa apariencia de pibe limado pero bueno.  

En plena abstinencia, flasheaba que era científico.

Estaba sentado en el patio y yo lo miraba desde la cocina. Tenía una mirada inocente y su indirecta muy directa no me incomodaba.

Intenté leer el título del libro que tenía en la mano pero no me dio la vista – tal como sucede en la realidad -.