jueves, 20 de diciembre de 2012

De chica nunca jugué a la casita ni soñaba con ser maestra o tener hijos.
Lloré mucho durante toda la infancia, por pavadas del colegio.
Lloré mucho durante la adolescencia por no cumplir con el cánon de belleza imperante.
Lloré mucho por celos, por metidas de cuernos (confirmadas y no confirmadas).
Lloré aún más en Nov/11 cuando murió mi abuela y los pocos días mi viejo me *echó* de su casa.
Después no lloré más ni me hice mala sangre por cosas que, fácilmente, pueden solucionarse y no te cambian la vida en lo absoluto.