lunes, 19 de marzo de 2012

Tengo la agenda llena de ítems sin tachar y no contenta con incumplir en lo formal, en mi casa andan dando vueltas un par de listas manuscritas encabezadas con HACER. No es que tengan una lógica sino más bien son un recordatorio. Comprar tomates cherry convive con lavar manta rosa, ir al BTF y cortarme el flequillo (?), tarea que todos los meses figura en la lista de cosas pendientes y me está empezando a hartar. No nací con flequillo pero casi y a pasitos de los 30 puedo decir que ya perdí la constancia, qué tanto mantenimiento, está desparejo, un poco más corto, un poco más largo. Aparte cero reconocimiento, excepto por unos pocos iluminados que me han sacado la ficha (primero) para sacarme la ropa (después) porque si me halagas el flequillo es como si me dijeras Sos linda y me lo creo. Una vez iba caminando por Diagonal 80 y en la esquina de 46 un tipo mayor – 65 años mínimo – me batió Pero que lindo le queda el flequillo a usted. No sé si fue una ironía o un halago o qué pero me reí. Es que a mí si me piropean el flequillo me alegro y si me lo acarician, me entrego.