jueves, 9 de febrero de 2012

Ideas Locas

La primera carta de amor que escribí fue en 7º grado, en pleno viaje de egresados, a mi compañero de toda la vida Cristian C. Fue improvisada en una hoja de cuaderno donde le puse con letra muy chiquitita que me gustaba hacía años y algo poco elaborado. Por supuesto que nunca me respondió y sólo atinó a bailar conmigo un lento en la fiesta de egresados.

Después tuve un bache de mil años donde no le escribía cartas ni a Papá Noel, hasta que empecé a noviar y ahí retomé, dependiendo del novio de turno. Uno (el segundo) era súper reacio a este tipo de expresiones así que desistí de la idea inmediatamente.

Supongo que como soy pésima hablando, prefiero escribir. Siempre escribir.

Mi primer diario lo tuve a los 6 años. Uno de esos clásicos regalos de nena, cuaderno con muñeca media boba en la tapa y candado no muy seguro (que podía abrirse con un clip de pelo), que generalmente traía dos juegos de llavecitas, las cuales perdía siempre.

En aquel diario, que tenía hojas lilas y recuerdo muy bien, escribía sobre las peleas que tenía con mi padre y ponía en mayúscula LO ODIO. En el mismo estilo ponía mi mamá YA NO ME QUIERE y estupideces varias que fueron premonición de la historia de mi vida y se siguen repitiendo over and over again. (Nota mental: el tema tiene más de 20 años y debería estar agotado).

Otro acto premonitorio fue el de la reina madre, invasiva como ninguna, que no sólo chusmeó mi diario de niñez sino que hasta hizo una acotación al lado de “Mi mamá no me quiere. Prefiere a mi hermana”. Había puesto algo así como “Las quiero a las dos”.

Por supuesto que con 6 años no reaccioné a tal invasión y tampoco lo hice a los (tipo) 13, cuando mi vieja encontró una latita con bocha de hojas de mi autoría donde contaba ciertas peripecias con varones que se iban de mambo – oh, que época de descubrimientos - que shokearon a mi madre. Tanto, que me esperó con cara de perro y las hojas en la mano y lo primero que me dijo fue “¿Todo esto pasó de verdad?” Ja! Conciente de la imaginación que tiene su hija mayor, llegó a dudar de la veracidad de las escenas – en las que no ahorré detalles – y yo, sabiendo que después de eso no iba a salir por 20 años mínimo, atiné a decir “No, má. Son historias que escribo”. Supongo que eligió creerme y no me jodió más. Igual nunca pidió disculpas por meterse en cosas que no le incumbían.

Si me volvía a pasar me zarpaba en boluda, así que empecé a esconder estratégicamente mis cuadernos. Después pasé a escribir directamente en la compu, tanto más rápido y ordenado y libre de chusmas. (Tengo un blog, sí, pero acá publicó la mitad de lo que escribo en mi diario).

¿Y cual era la idea de todo esto? Ah sí, que quiero escribir una carta sincera, sentida, copada (?) a determinada persona pero es re demodeé. Los mails, en este caso, me parecen una garcha pero no me queda otra que optar por eso. Asunto: Carta de Amor Digitalizada.