sábado, 4 de febrero de 2012

Casa de Muñecas

Una casa de putas funcionaba en la casa de mi abuela, donde vivo actualmente. La diferencia radicaba en que la escalera era caracol y tenía un entrepiso, donde se mostraban las chicas detrás de puertas de vidrio.

Yo esperaba al chongo de turno descalza, con el pelo suelto y vestida solamente con una camisa grande, de hombre, balancéandome y jugando agarrada de la baranda, como una nena ansiosa, contenta (escena muy de peli francesa).


Subió un flaco - que no conozco en la realidad - y previo beso en la mejilla, lo agarré de la mano dispuesto a pasearlo y mostrarle la oferta de sexo. La primera apenas se asomó y al vernos, cerró de un portazo.
Mejor - dije - Nadie quiere verte a vos.

La nº 5 parece que era de mi agrado (una morocha de flequillo y ropa interior roja) porque la presenté y le dije - Vos siempre de rojo, te queda re lindo.

Seguimos la ronda y las dos siguientes se nos vinieron encima para saludarnos con un beso en la mejilla. Las saqué cagando.

Nos quedaban dos cuartos por ver, los últimos, los que daban a la bahía pero ahí me desperté.


Conclusión #1: Yo era una madame muy desestructurada.

Conclusión #2: Yo era la novia más copada del mundo.

Conclusión #3: Es una señal para sacarle plata a semejante casa y llegar mejor a fin de mes.

Conclusión #4: No entendí un carajo porque la única puta que habita esta casa soy yo.