martes, 13 de septiembre de 2011

Más grande, más boluda. No hay caso.

Me duele bocha la pierna derecha. Surfeando el quilombo de una limpieza general y caminando sobre las sillas – como si tuviera 5 años – me caí otra vez. Resultado: raspón en el brazo, muslo hinchado y morado. Más temí por el efecto dominó que podía terminar con un jarrón histórico de la familia. No es Ming, no, pero lo cuidan como si lo fuera.

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El fin de semana jugamos a ser los Ingalls. Charles y Caroline versión bizarra y sin hijos pasando el tiempo en una hamaca paraguaya bajo techo, con velas y pan casero. Se puede ser feliz con tan poco pero el lunes a la mañana volvimos a la realidad con olor a humo y una mugre... y yo (particularmente) con una necesidad absoluta de internet.

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Se me jodieron los auriculares. Se acabó mi vida.