miércoles, 13 de julio de 2011

Había una vez una chica que se tomaba el segundo café siempre a la misma hora. Afuera estaba oscuro y frío y moría por volver a la cama para leer algún libro de esos que tuvo que ir a comprar al Congo, porque la isla en la que estaba cautiva no tenía absolutamente nada de lo que ella necesitaba: ni un libro ni una parka ni un novio...