domingo, 9 de enero de 2011

Conexión bizarra

Lo mejor de mi segundo ex novio era la madre.

No sé si fue porque era joven – por consiguiente de otra generación – o simplemente era más simpática que la anterior, la cosa es que pegamos onda y tuve una relación más fluida con ella que con su hijo. Me regalaba ropa, me cocinaba siempre, me llevaba con ella de compras – y siempre ligaba algo – pero sobre todo era una mina abierta y comprensiva que tenía varios muertos en placard. Podía contarle cualquier cosa que no se iba a espantar.

La última vez que la vi llegué a su casa hecha una anoréxica con ojeras azules, párpados hinchados y el corazón roto. Su hijo, como era de esperar, me había dejado. Fui a despedirme y en la ronda de mate prácticamente me obligó a comer una galleta con dulce de leche “porque no tenes que dejar de comer en un momento como este”. Llorando y buscando el apoyo de ex suegra – que obviamente ya lo tenía. Su hijo nunca más en su puta vida va a conseguir que una mina como yo le dé bola y lo sabemos – le conté que mis celos habían sido uno de los argumentos de abandono. “Pero si él me decía que se iba a la casa de los amigos, yo no me subía a un auto y lo seguía…” me justifiqué. “Bueno, yo en su momento lo hice. A veces es necesario” me respondió. Grossa.