miércoles, 22 de diciembre de 2010

El que canta, sus males espanta

Estábamos en la primaria cuando fuimos con mi mejor amiga de aquella época a probarnos al coro. El que tomaba la prueba era un cura joven, con pinta de gay y según recuerdo, ser parte del coro del colegio era lo más. La prueba se hacía en la iglesia y allá fuimos las dos, acompañadas por la madre de mi amiga. Después de la presentación obligada, el gordo disfrazado de cura se sentó en el piano y nos hizo cantar a dúo una canción del top ten de misa. Tímidas, el gordo nos pidió que cantáramos más alto. Subimos un toque el volumen. Para qué! Ahí nomás nos paró en seco y nos dijo que probáramos más adelante, que por el momento no estábamos en condiciones de entrar.
Salimos sabiendo que más adelante significaba nunca.
Ese fue mi primer y único intento.